(NO) …QUIERO CONOCER A MI MADRE
Recuerdo a mi abuela, cada tarde la esperaba
en los juegos del patio de la escuela, mientras me balanceaba en el columpio,
la veía asomar en la puerta de entrada al patio, como todos los días de colegio
me iba a buscar.
Mi
abuela es mamá de Carmen, mi madre, nunca me acostumbré a decirle mamá, para
mí, la abuela era mi madre.
Cuando
cumplí los 12 años, mi abuela me celebró con un fiesta y hasta torta, invité a
amigas de la escuela… fue el cumpleaños más triste de mi vida… Aquel día, conocí
a mi verdadera madre.
Era
una mujer alta, teñida de rubio, bien parecida, traía una caja envuelta en
papel de regalo, la veo pasar con mi abuela hasta la cocina.
Enseguida mi abuela me llamó, ahí estaba ella, con su
ropa ajustada casi bufonesca, se presentó como Carmen, hija de mi abuela, a la
vez mi abuela la interrumpió y me dijo que Carmen era mi mamá, que ahora estaba
grande y podría comprender mejor las cosas.
Supe por ella, Carmen, que nunca se había alejado,
que siempre depositaba dinero para mí y la abuela, que su trabajo no le
permitía siquiera que supieran que ella tenía hijos por eso no quería que se
supiera, ahora está en otro trabajo y es más independiente, que tiene un lindo
departamento con un tal Felipe, su pareja.
Me dijo que la perdonara, que nunca más me dejaría
sola… que venía a llevarme con ella, que la abuela ya sabía, que me pondría en
un buen colegio, particular, que mi abuela está vieja y le cuesta cuidarme,
aquella parte no le creí mucho, porque mi abuela me cuida muy bien, eso sí,
está viejita.
Al día siguiente nos levantamos temprano, mi abuelita
tenía listo el desayuno, le pedí un “Pavito” con leche, “Ulpo” le llaman
algunos también, hoy extraño mucho aquellos Pavitos que hacia la abuela,
recuerdo que Carmen dijo esa vez, que ahora había leches con sabores, cereales,
yogurt y otras cosas ricas, miré la cara de la abuela cuando Carmen explicaba y
me reí, porque mi abuela desde atrás hacía gestos muy graciosos, imitando a
Carmen.
Luego
del desayuno, mi abuela trajo un bolso grande de colores, dijo que ahí estaba
toda mi ropa, encima del bolso estaba mi “bambi”, un osito de peluche que la
abuela me regaló cuando tenía 5 años una
vez que estuve enferma en el hospital.
No
quería irme de casa de la abuela, mis lágrimas cayeron en silencio, mi abuela
me abrazó fuerte y también se puso a llorar con el mismo silencio mío.
No
se preocupe mami, le dijo Carmen a mi abuela, un radio-taxi esperaba afuera, miré
hacia la casa y ahí quedó mi abuela tan triste como yo, recordé su silueta en
la puerta, como cuando venía por mí allá
en la escuela.
La
nueva población, aunque Carmen le dice villa, son hartos departamentos juntos,
parece un tren encima de otro, con escaleras enredadas y ropa tendida en sus
pasamanos y cordeles entrecruzados, que no permiten mirar siquiera el paisaje. Antes
de golpear la puerta, estaba un hombre apoyado al lado de las escalinatas, era
el famoso Felipe, saludo a mí…, bueno Carmen con un beso y refunfuño la hora de
llegada, diciendo que tenía hambre.
Esta
es Tamara, mi hija, le dijo al tipo,
quien me saludo dándome un beso en la mejilla raspándome con su ordinario
bigote, Felipe era un hombre mayor, moreno y algo gordo, usaba un bigote grueso
y tupido, sus ojos eran claros y su pelo negro algo canoso.
Ese día era lunes, no fui a la escuela, me
dediqué a ordenar la que sería mi pieza, aunque era pequeña en comparación a la
de casa con la abuela, una cama un
velador y una cómoda, aproveche de ordenar mis cosas en la cómoda, cuando ya no
quedaban cosas encontré al final del bolso mis sabanas de “barbie”, con diseños
de mi muñeca preferida, estaban dobladitas y olorositas, desarmé la cama que
estaba hecha y me alegré, pensar en mi abuela colocando mis sabanas, aunque la
eché de menos, porque siempre jugábamos haciendo la cama, yo tomada los
extremos y ella los otros y levantábamos las sabanas lo más alto posible y la
dejábamos caer, provocando vientos dentro de la pieza, era muy divertido para
mí.
Me
quede tendida en la cama, cuando entró Carmen y me dijo que no estaba en un
hotel, que debía hacer algunas cosas, sobre todo de la casa, ordenando y ojalá
limpiar, que cualquier cosa debía pedirle a Felipe y que por ningún motivo
debía salir del departamento.
Estaba
en mi pieza revisando mis cuadernos, cuando entró Felipe, traía una TV.
Pequeña, la puso en la cómoda, la enchufó y me dijo que era para entretenerme,
era en blanco y negro. Donde mi abuela no tenía Tv. en la pieza, pero por las
noches veíamos juntas en la de su pieza, siempre ella se dormía y yo la
desenchufaba, que era la única forma de apagarla ya que tenía un “desperfecto en la unidad de encendido” según
un técnico que la vio, nunca quiso mi abuela repararla, luego me iba a mi pieza
y me acostaba.
Gracias
tío, le dije a Felipe, me repitió que cualquier cosa se la pidiera a él, que
era como el dueño de casa, luego se fue y volvió para decirme que saldría, que
Carmen ya se había ido a trabajar, se despidió con un beso robado de mi boca…
perdón me dijo, no le cuentes a Carmen… aquel sería nuestro primer secreto.
Carmen llegaba por las mañanas, dormía hasta
las 12 y hasta a veces las 3 de la tarde, Felipe cocinaba todo, desayuno,
almuerzo y once, claro que mi abuela a
las 9 ya me servía el desayuno en la cama, lo traía en una bandeja que ella
llamaba “La enfermita”, Te traigo la enfermita me decía, con ricos huevos
revueltos, leche y a veces tostadas, pero cuando le pedía me hacia sus
adorables pavitos, mi abuela me regaloneaba mucho, la quiero más que a mi vida.
Aquel
día lloré toda la noche, me dormí llorando y desperté llorando. Una tarde, como
muchas estaba llorando en mi pieza, entró Felipe y se acercó a mi cama, me
acariciaba el pelo y consolaba, hablándome despacio, yo me calmé, pero continuo
tocándome, mi cuello, mi pecho y espalda, hasta que volví a llorar y gritar,
pero esta vez no era por mi abuela, sino por lo que él me hacia. Mi abuela me
decía siempre, que mi cuerpo era mío y que nadie debía tocarlo, que el cuerpo
era sagrado para nosotras las mujeres. Felipe me pidió perdón y que no diga
nada, que me traería regalos y trataría bien… ese sería nuestro segundo
secreto.
De
vuelta de vacaciones de invierno, pude entrar al colegio, no me gustó mucho
pero era mejor que estar en el departamento. El 5 de octubre estuve de
onomástico, jamás me habían regalado nada, al menos por ese nombre, mi profesora
me dio una caja de bombones, feliz día “Flor” me dijo, la verdad es que mi
abuela nunca me llamó por mi primer nombre, decía que no le gustaba, que
prefería las frutas, antes que las flores… pero ahora la entiendo, Flor del
Carmen se llama mi…bueno, mamá. Le agradecí el gesto a mi profesora.
Cuando
llegué al departamento, entré a mi pieza y me acordé de los bombones, los que
aún no desenvolvía de su paquete en regalo, me acerqué a Carmen y le regalé el
paquete, a modo de agraciarle un poco, deseándole un buen día, ella me abrazó,
pero fue tan extraño y recordé a mi abuela aquél último día en que me despedí
de ella, su calor, sus manos en mi cabeza, cuando parecía jugar con mi pelo al
peinarme y alisarme el cabello para hacerme dos trenzas correctas e iguales,
recordé sus besos en mi frente bendiciendo mi día, hasta aquellas cosquillas
con sus manos buscando mi estomago y diciendo que me mataba de risa, yo reía y
reía sin contenerme. Esta guatita es mía, me decía, pero más es tuya, todo tu
cuerpito es sólo tuyo, me repetía, se la doy
mamita… le decía.
Carmen
como siempre se retiraba a su especial trabajo, luego de eso entré al baño y al
sentarme me encontré en el papelero la caja de bombones, estaba vacía. Me
olvidé de cerrar la puerta y en eso entra Felipe con su “cosa” casi al aire,
perdón me dijo… cerró la puerta y repitió que quería hacer “pichí”, yo me había
levantado raudamente, se sentó y tomo mi brazo fuertemente, de su camisa sacó
un montón de bombones y me pidió abrir mi boca, con mucho temor obedecí y me
puso uno en mi boca… me tomó de la cintura con ambas manos y me mostró su boca,
donde tenía entre sus dientes otro bombón, abre de nuevo tu boquita me dijo… lo
hice y me traspaso su bombón hacía mi boca… dándome un beso tan repugnante como
maldito. Esto será un secreto entre tú y yo, me dijo, y así fue nuestro tercer
secreto.
Llego
alrededor de las cinco de la escuela, de inmediato me voy a mi pieza y sólo
salgo cuando tengo que comer, veo las novelas o hago tareas, Carmen se va a las
8:30 a su trabajo nocturno y Felipe debe encerrarse a las 10:00, son noventa
minutos los cuales tengo mucho miedo
quedarme sola en casa, Felipe me asecha y cuando puede me acosa, entra en mi
pieza y conversa conmigo, la verdad es que no lo escucho, pareciera que me
inmovilizo, que no reacciono a nada, cuando lo tengo al frente. Me habla cosas
bonitas y me acaricia, me pide usar el segundo secreto, me rosa el cuerpo
y hasta mis lagrimas se van para adentro…
se va de la pieza luego de que le viene
un gemido y espasmos y me dice que me quiere… después que sale me acuerdo de mi
abuelita y le pido me proteja, y lloro, una vez me dijo que jamás me dejaría,
que nadie me haría nada… pero ya no está, estoy muy sola y tengo mucho miedo.
Es noche de navidad, cenamos temprano, pues
Carmen sale a trabajar y es su mejor noche, como dice, y Felipe… Ya saben.
Luego de las 10 quedo sola, aquella noche me quedé en el living y veo Tv… Ahí a
mi lado está mi abuela y me trae un regalo, Marita me dice, mire lo que le
trajo Melchor, lo encontré para usted hijita, la abuela nunca creyó en el viejo
de pascua, decía que eso es un invento de los yanquis, yo le pregunto a ella,
mamita ¿Cómo sabe Melchor que me gustan las Barbie? Los reyes magos saben todo
Marita, ellos ven todo lo que hacen los niños para merecerse los regalos,
cuando Jesús nació, ellos ya sabían y desde ese momento que están haciendo
regalos, a todo niño que nace y hasta que cumple 12 años… ¿Este
es mi último año mami? Sí mi amor es tú ultimo año en que ellos te traen,
después me tocará traerlos a mí. ¡Pero esta vez yo no quería una barbie mamita¡
Yo quería un lindo collar como de perlas, pero de fantasía, ¿Y porqué no me
dijiste? en mis rezos pude haberlo pedido. Es que era un regalo para ti mamita,
con eso yo la hubiera puesto feliz. Contigo Marita, contigo soy más que feliz…
La
puerta se abre bruscamente y me despierto de mi sueño, es Felipe que viene
Borracho y gritando boberías; ¡¡No vuelvo más!! ¡Justicia! ándate a la cresta!!
No me encierro más… en ese instante me ve, yo como siempre paralizada, se deja
caer en el sillón al lado mío, dice si
lo estaba esperando, si me entregó su regalo, le digo que no, que no importaba…
Se deja caer encima, pesa tanto que me aplasta…
¡Te
voy a dar tu regalito cabrita rica!, me grita…
Ya
llevo 3 años en este centro para menores, mi profesora denunció el delito, me
tratan bien, estoy cursando 1º medio en el liceo. No te preocupes mamita, siempre
que pueda te traeré flores…¡sabes! Te hice caso, el cuerpo es mío, sólo mío y
no quise guardar un cuarto secreto.
A
mí madre Carmen, realmente nunca la
conocí.
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AL
PIE.
Los
centros de menores son casi invisibles a los ojos de la sociedad, por mi
experiencia, pude recopilar antecedentes, de una forma en que los daños no
resquebrajaran aún más estas alicaídas y juveniles vidas, entrelazar
testimonios, agregarles el distintivo de la escritura y evidenciar sólo parte
de cientos de macabros testimonios de
niños y niñas abusados(as). Un pequeño porcentaje, son los que están
registrados, concientes en que son innumerables los casos que no se delatan. En
cierto modo esta obra viene a reflejar, el estado de vulnerabilidad en que se
encuentran nuestros niños y niñas atendidos, es también un llamado a las
familias a proteger el amor de este fundamental núcleo social.
“La violencia engendrará más violencia… entre
estas dos, está nuestro trabajo”
YKEMO


que fuerte
Lamentablemente en el mundo son cientos los chicos y chicas que son abusados, engañados, prostituídos, usados no tan sólo por personajes como el que describes, si no, por redes internacionales clandestinas que se encargan de reclutar a menores para ejercer la prostitución y la esclavitud. Cosas que en muy pocos lugares son conocidas, pero que hoy en el siglo 21, continúan existiendo. Muy bueno, ojalá existiese un catastro de violadores y abusadores, en donde cualquiera tuviese oportunidad de ver y denunciar.
~ un cronopio es una flor, dos son un jardín ~
Malú