cuento corto...

Enviado por Guillermo Gajardo Sepùlveda el 26/11/2008 a las 09:36 AM
Guillermo Gajardo Sepùlveda

DEMENCIA

 

Él es tan distinto a su hermano Iván, creo salió al padre en lo aventurado. En el colegio básico estaba entre los mejores, excelentes promedios, siempre riñendo lugares, entre primeros y terceros, ¿puede un niño cambiar tanto? En tan poco tiempo, qué lo ha hecho.  Parece increíble…

¿Me pregunta porqué pasó?...Todo es culpa de mi separación, entre paréntesis, gracias por cambiarme los remedios…Sabía que Don Mario el enfermero bueno, me trajo chocolates, primera vez que alguien se acuerda de mi santo, ni siquiera el Rodolfo, mi ex marido lo sabía, ¡ah, que vuelva a la pregunta! El Rodolfo me engañaba, siempre lo supe, es mentira esto de que la última en saberlo es su mujer, el hombre después de tantos años tiene sus mañas, una lo alcanza a conocer, siempre enojado, mandando como si fuera servidumbre yo de él. Inventando inexistentes “reuniones”, llamadas de supuestos compinches, para poder salir, cuando se fue me grito que yo no lo calentaba…disculpe la palabra, pero fue así, no faltaban las lolitas tontas, que al verlo guapo y con plata, se embobaban del viejo verde aquel. Se le iba mucha plata, en jaranas y famosos encuentros, pero ahí él,… Bueno, sí eso pasó. Mi hijo Iván, siempre me advertía, “Mamá no te amargues por él, nos tienes a nosotros dos” a Pánchito…¡Disculpe mi llanto! Es que nombrarlo me espanta, me estremezco completa, lo quisiera ver, sus grandes ojitos, su sonrisa pegada, su morenita piel… ¡disculpe mi llanto¡ yo tuve la culpa, sólo yo, mi trabajo era primero, esperaba un monumento. Iváncito, me decía siempre eso, no necesitaba tanta plata, mi ex, pagaba toda  cuenta, la de  casa y del colegio de los niños, también daba mesadas, no fue mal padre lo se, sólo un maldito marido…perdone las palabras, pero fue así.

¿Qué le puedo decir de Pánchito? Mil cosas, era un bebe adorable, un niño ejemplar, es en la juventud, la adolescencia cuando los chicos comienzan verdaderos cambios, fíjese que una vez lo tuve que retirar de una comisaría, por andar con sus amiguitos “peluseando”, Él tomaba sus cartas esas de juegos medios raros, con personajes, elfos y brujos con poderes, que sé yo…estaba toda la tarde jugando con los amigos a esas cosas, luego con el tiempo, comenzó a cambiar sus estilos de vestirse, yo siempre le compre ropa de marca, buena ropa con colores lindos que hacían juego con su carita y sus ojos pardos como los míos, ¿Sabía que él se parece a mi verdad?  Ya se lo había dicho, bueno…yo ya no lo vestía, el juntaba dinero de sus mesadas y se compraba ropa, una ropa horrible, poleras negras con impresiones asquerosas dibujadas, de calaveras y muerte, fueron en verdad nuestras primeras discusiones… ya no quería cortarse el pelo, en el colegio tampoco le exigían, cuando llegaba en las tardes-noche a casa, desde la esquina escuchaba su música, de total estridencia y gritos… ¿Usted. Cree que todo aquello me habrá hecho mal, verdad? Después comenzó a tener peleas con Iváncito, su hermano mayor. A propósito hace tiempo que no me visita, seguro la otra debe haber metido quizás cuantas ideas en su cabecita inteligente, está en la universidad y va a ser un ingeniero, fíjese si no es inteligente…¿cómo qué peleas? Bueno cosas de hermanos, por meterse en sus cosas, por no ordenar su pieza,  después que el desgraciado nos dejó, Iváncito pasó a ser el hombre de la casa, hasta a mí me retaba a veces, cuando tuve la licencia larga por depresión, el se enojaba mucho conmigo porque no lo dejaba estudiar, pero yo sólo quería estar con él conversando, mamá deja de hablar tonteras me repetía, y eran cosas importantes del papá y yo. En ese tiempo a Pánchito casi no lo veía, ¡Francisco! Le gritaba cuando llegaba, él sabía que cuando decía su nombre era porque yo estaba enojada, me explicaba sus cosas que hacía, pero al ratito ya le volvía a decir Pánchito.

¿Cuánto tiempo más cree usted que voy a estar acá Señorita?

La otra, también me quería quitar a Pánchito. Es una arpía, una maldita… perdón por mis palabras, es que mencionarla me ofusca, me da mucha rabia, pero es verdad, Pánchito me contó que la  conoció en el mall y más encima estaba con su papá, mi ex marido claro está, que fue simpática con él y que le ofreció sentarse y tomarse un heladito junto a ellos dos, obvio que Pánchito no quiso y en la noche llegó a contarme, ahí empezó todo el lió, el muy sinvergüenza llegó a casa, “vengo a buscar unas cositas” dijo, antes que dijera cualquier otra cosa le di un golpe certero en su cabeza con el fierro de revolver cenizas de la salamandra, cayo al suelo, quiso pararse, pero no pudo, la sangre comenzó a escurrir en el piso, Panchito llegó al lugar y se asustó, corriendo despavorido fuera de la casa, lo sujete a la salida, él llevaba un cordel en su mano, con el que se amarra a la patineta y bicicleta con amigos y juega, no se como… perdone  por detenerme, es que son otros recuerdos los que se cruzan… bueno no se como el cayo desde la escalera de entrada, usted sabe que mi casa es grande verdad, ahí se enredó con el cordel en su cuello y paso lo que paso…la otra estaba en el auto de mí marido, se baja y quizo ayudar a Pánchito, me abalanzo sobre ella y ambas caímos rodando por el suelo, no solté su maldito pelo teñido asqueroso y gritaba como cerda que era, recibí un golpe y desperté en un hospital, ¿Qué es este mismo verdad? Le digo algo, francamente señorita, este uniforme que usan ustedes, hay algo que no les viene, quizás el color verdoso, horrible.

¡Mire señorita!... sí… es un pedacito de soga de Panchito.

 

 

 

                                                                                                   YKEMO

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